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Arpaio Apuesta a que el Donald lo Salvará del Bote, si Trump se Convierte en Presidente

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Joe at RNC in July 2016. Image: YouTube
Stephen Lemons
Written by Stephen Lemons

Era como una metáfora. El Alguacil Joe Arpaio cojeaba cuando caminaba hacia mí al entrar en la sala de la corte del Juez Federal G. Murray Snow en el centro de Phoenix, para asistir a una audiencia ante el jurista.

Snow, el juez en el prominente caso de derechos civiles Melendres v. Arpaio, ha dado señales, por lo que parece la centésima vez, que está inclinado de pedirle a la Oficina del Fiscal de los Estados Unidos para imponer cargos al Alguacil y a tres de sus secuaces con desacato criminal. Una decisión que puede darse tan pronto como esta semana.

“¿Qué es ese cojeo?” Le pregunté al Alguacil. “¿Tu incursión al cabello de Donald Trump?”

Uno de sus guardaespaldas, vestido de civil, se rió. Arpaio había hablado en la Convención Nacional Republicana la noche antes- un discurso en horario estelar durante el cual leyó acartonadamente del teleprompter, diciéndole a la audiencia nacional que necesitamos un líder como Trump que “protegerá nuestras frontera y en forzará nuestras leyes,” y por supuesto, construirá la Gran Muralla de México en nuestra frontera sur.

No importa que Arpaio ha ridiculizado la idea de tratar de sellar la frontera con el muro muchas veces en el pasado. Tan recientemente como 2013, él se burló de la idea, diciéndole al comentador de noticias Stuart Varney de Fox News “Tu nunca vas a asegurar la frontera. Tu pones más muros (y ellos) venderán mas escaleras para escalarlos.”

Arpaio básicamente dijo la misma cosa en su libro sobre la inmigración ilegal del 2008, Joe’s Law- La Ley de Joe. En vez del muro él promovió la “aplicación interior”, el tipo de actividades de que ha realizado en escala masiva en el Condado de Maricopa, con redadas en las comunidades Latinas y las redadas a los negocios que emplean inmigrantes indocumentados: acorralando a los morenos en masa, y entregándolos ya sea a los Servicios de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados (ICE), o la Patrulla Fronteriza para deportación.  Pero el transformar su agencia en un mini- ICE tuvo terribles consecuencias para el Alguacil, desde la demanda de la Union Americana de Libertades Civiles (ACLU) llamada Melendres hasta la imposición de una mandato por el Juez Snow prohibiendo a Arpaio de hacer cumplir leyes civiles de inmigración, hasta el juez encontrando a Arpaio en desafio de sus ordenes, y citándolo por desacato civil. Ahora, el espectro de la acusación criminal está presente.

Quizá distraído por esos importantes asuntos, Arpaio no reaccionó a mis intentos de humor. Pero no lo iba a soltar tan fácil. Mientras cojeaba hacia los elevadores, yo le pregunté sobre una nueva encuesta electoral realizada por el estratega local Republicano Nathan Sproul que lo muestra debajo del Demócrata Paul Penzone, su rival en la elección por el título de Alguacil del Condado de Maricopa este año, por cuatro puntos.

“Tres puntos,” gruñó Arpaio corrigiéndome.

Bueno, tres puntos si los que respondieron como indecisos en la encuesta les permiten contestar “indeciso.” Cuando son presionados para tomar la decisión en una pregunta subsecuente, esos “indecisos”  se decidieron por Penzone desde un  52.3 a un 47.7 por ciento— una diferencia de 4.6 porciento.

En  2012, cuando Arpaio y Penzone se enfrentaron por última vez, un tercer candidato en la elección, corriendo como independiente, logró ese mismo numero 4.6 por ciento, mientras que Arpaio apenas logró la mayoría con un 50.7 por ciento, con Penzone siguiéndole con un 44.7 por ciento.

Este año no habrá tercer candidato. Un “caballito negro” del partido libertario fue sacado de la boleta electoral en junio después de que el equipo de Penzone exitosamente retó la veracidad de las firmas para su candidatura en la corte. (Perdónenme por ir a la delantera; una derrota de Arpaio en la primaria parece impensable).

“Ah, ese cuate me odia,” Arpaio dijo, refiriéndose a Sproul. Para el Alguacil, eso fue suficiente para descartar la encuentra electoral.

Yo le pregunte a Arpaio si, considerando la audiencia, no había alguna ironía en su discurso en la convención, donde promulgo a Trump como el restaurador de la ley y del orden. Después de todo, una convicción criminal por desacato puede llevar al Alguacil al bote por seis meses o más.

Arpaio replicó con brusquedad, mirándome a los ojos. “Yo hago mi trabajo.”

Como si esto explicara todo.

La verdad es, después que la administración del Presidente Obama despojó a la Oficina del Alguacil del Condado de Maricopa de hacer cumplir la ley civil de inmigración en 2009 (un poder que el régimen del presidente George W. Bush le había dado), ya no era su “trabajo” de perseguir a los indocumentados y acosar a los Latinos.

Y en diciembre del 2011, cuando el Juez Snow lanzó el mandato judicial en Melendres, ordenando al MCSO de no detener a individuos basándose solamente en la sospecha de que podrían estar en el país ilegalmente, eso debió haber solucionado el asunto.

Pero Arpaio públicamente retó al Juez Snow, diciéndole a los medios en numerosas ocasiones que él continuaría, ejem, con su trabajo. MCSO persistió, aun cuando el mandato fue sostenido por la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito y después de que el Juez Snow la hizo permanente en su decisión en contra del MCSO del 2013.

Como resultado de las audiencias de desacato que duraron 21 días el año pasado, el Juez Snow dio a conocer sus descubrimiento de evidencias en Mayo, acusando a Arpaio y a sus secuaces de “deliberadamente” desafiar sus órdenes, por mentir al monitor de la corte que lo vigilaba, por esconder evidencia de la corte, y por las declaraciones erróneas intencionales bajo juramento durante las audiencias de desacato. (Tres otros individuos estarán enfrentando posibles cargos de desacato criminal: El Jefe Adjunto Jerry Sheridan, el Capitan Steve Bailey y la anterior abogada de Arpaio, Michele Iafrate.)

Durante la audiencia de julio 22 donde se discutieron los posibles cargos criminales, el Juez Snow estuvo parado con seriedad en su pódium, eliminando intentos de los abogados de discutir la evidencia en contra del Alguacil.

Sabiamente, el abogado de la defensa criminal de Arpaio, el anterior fiscal de los Estados Unidos Mel McDonald, evitó esa ruta, escogiendo la actitud de rogar por misericordia para su cliente, al que describió como un servidor público ejemplar “en el ocaso de su carrera, en su año 84 de vida.”

El desacato civil fue suficientemente embarazoso para Arpaio, McDonald argumentó. Y las ordenes recientes del juez de reformar integralmente la división de asuntos internos del MCSO, el aumento a la autoridad del monitor de la corte, y el nombramiento de un investigador independiente y una autoridad disciplinarían independiente para analizar las investigaciones mal administradas de investigaciones internas es suficiente para asegurar que Arpaio y sus secuaces se vayan por el buen camino de ahora en adelante.  Pero el Juez Snow no estuvo convencido, señalando que Arpaio y el Jefe Adjunto Sheridan le habían “mentido en su cara” en la corte y bajo juramento. ¿Si ese patrón de obstruccionismo no constituye desacato criminal, qué es?

Arpaio puede tener 84 años de vida, pero supongo que el Alguacil está apostando por un juego largo aquí. Y es aquí donde el apoyo de  Donald Trump viene.

El autor Gore Vidal una vez dijo que uno nunca debe perder la oportunidad de tener sexo o aparecer en la televisión.  Arpaio representa la segunda parte de esta famosa frase. Su apoyo a Trump le ha dado precioso tiempo en los medios la semana pasada, durante el cual, enriquecerá su tesoro de campaña electoral.

Esta oportunidad no es desconocida para el Juez, cuando escribió que “el Alguacil Arpaio deliberadamente ignora las ordenes de la corte porque él creía que su popularidad resultaba, en parte, por hacer cumplir las leyes de inmigración.  El también creía que resultaba en donaciones generosas a su campaña.”

Todo lo que Arpaio hace, lo hace por razones políticas y/o para su propio engrandecimiento. Ava, su esposa por 58 años, ha estado sufriendo de cáncer. Mis fuentes confirman que Arpaio les ha confiado a algunos que él quisiera retirarse y dedicar más tiempo con ella, pero que no puede porque estar en esa oficina le provee la base de poder para luchar en contra del Juez y, posiblemente de la acusación federal.

Aliándose con Trump le da a Arpaio una palanca política tremenda. Si el Juez Snow refiere el caso a la oficina local del Fiscal de los Estados Unidos, parece improbable que pase algo antes de la elección de noviembre. Y si gana Trump, el billonario podrá nombrar a un fiscal federal quien es probable remplazará al Fiscal Federal de Arizona John Leonardo, nombrado por el Presidente Obama.

La ley federal que gobierna el desacato criminal dice que si el gobierno no persigue los cargos criminales, un fiscal especial podría ser nombrado para seguir el caso. Para ese tiempo, Arpaio está apostando que él tendrá un amigo en la Casa Blanca que acabará todos los esfuerzos de atacarlo. ¡Diablos! Incluso el Presidente Trump podía elevar a Arpaio a una posición en su gabinete.

¿Qué es lo que gana Trump con el viejo alguacil del Condado de Maricopa? Para el nominado Republicano, Arpaio representa una marca de legitimidad como un cazador de inmigrantes que refuerza la visión torcida, de distopía de América.

Publicado con permiso. Phoenix New Times.