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Cuando se Trata de Crímenes Violentos, Los Immigrantes Illegales No Son El Problema

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Stephen Lemons
Written by Stephen Lemons

A pesar de la reciente encuesta por la firma Gallup que muestra que el 87 por ciento de los Americanos aprueban que los inmigrantes se conviertan en ciudadanos de los Estados Unidos bajo ciertas restricciones, el diálogo público sobre inmigración continúa siendo liderado por un millonario fantoche y una rapaz instigadora de odio

Me refiero a los Republicanos Donald Trump y Ann Coulter, quienes con su retórica ignorante llenan el vacío de las noticias de cable, como si nada más importara en este mundo, pero poner a los Hispanos en carros de ferrocarril para que todo funcione a la perfección en esta vida.

Los comentaristas políticos responsables nos dicen que la candidatura presidencial de Trump se desinflará, aunque no nos pueden decir cuando pasará esto.

Como Coulter, también, el veneno es parte de su acto de circo. Ella y Trump están llevando a la superficie basura como un tsunami de medios que está destinada a estrellarse, nos dicen.

Los comentaristas están probablemente en lo correcto. Los ejemplos de George Wallace, Pat Buchanan, Pat Robertson, y otros vendedores de odio que antes fueron muy populares, apoyan esa afirmación.

Mientras tanto cada vez que enciendes la caja boba, los tontos reinan y la audiencia se ve inundada por el nativismo que pone en desventaja a Bill the Butcher de la película  Gangs of New York.

La basura se reduce a mentiras sobre iniciar la deportación de 12 millones de personas, ataques a la Enmienda Catorce de la Constitución, o a los “Bebes Ancla.”

Y, por supuesto, por la eternal falsedad de que los inmigrantes ilegales son productores de crímenes violentos.

Tú no puedes culpar de esas  sandeces a Trump o Coulter más de lo que puedes culpar del hongo del pie al pie. Sin embargo, se requiere desinfectante.

Toma por favor la idea de deportar 12 millones de personas hacia sus países de origen, un desastre potencial de proporciones épicas.

Un puñetazo a la estatua de la Libertad en el ojo. Confirmaría lo peor que los detractores de América dicen de nosotros, aterrorizaría a cada persona morena en este país, que televisaría alrededor del mundo niños y sus padres llorando mientras marchan dejando sus hogares al cuidado de agentes federales y/o soldados.

Esta enferma fantasía racista casi de seguro no sucederá.

Pero supón que los promotores del odio y “The Donald” de alguna manera se salen con la suya. Atacarían a la economía del país de la misma manera que los eventos del 9/11 lo hicieron.

La asociación conservadora sin fines de lucro American Action Forum, por ejemplo, estima que echandar afuera a esas personas puede tomar dos décadas y costar entre 400 a 600 billones de dólares.

A su tiempo, las deportaciones masivas encogerían la fuerza laboral y la economía, reduciendo el producto interno bruto en $1.6 trillones, según estima AAF.

Igualmente estúpido es el deseo de eliminar el derecho a la ciudadanía por nacimiento, que ha sido protegido por la Enmienda Catorce de la Constitución de los Estados Unidos, eliminando la“plaga” de “niños ancla” como los racistas intolerantes llaman a los niños ciudadanos americanos nacidos de padres inmigrantes.

Existen aquellos que dicen que la Enmienda Catorce, que fue pasada irónicamente por Republicanos radicales al fin de la Guerra Civil, tenía la intención de sólo aplicar a los esclavos libres.

El lenguaje llano y directo de la Enmienda Catorce argumenta lo contrario, declarando:

“Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos están sujetas a la jurisdicción de la mismas, son ciudadanos de los Estados Unidos y del estado en el que residen”.

Los indocumentados y su progenie ciertamente están “sujetos a su jurisdicción” de las leyes de los Estados Unidos.

¿Quienes no lo están? Los diplomáticos; los dignatarios de otro país, por ejemplo.

Durante debates  Congresionales sobre la Enmienda Catorce, nadie mencionó a los Mexicanos, por decir los estúpidos anti-immigrantes.

Lo que es verdad, pero mencionaron los Chinos y los considerados “sin estado” como los Gitanos, y se hizo claro que los niños nacidos de padres de cualquiera de estos grupos serían ciudadanos de los Estados Unidos si nacieron en el suelo Americano.

La idea del derecho a la ciudadanía por nacimiento se remonta a la ley común de Inglaterra y se da antes de la declaración de Independencia.

La única manera de pararla sería a través de una enmienda constitucional, una que sería tan patentemente anti-Americana, que desharía uno de los elementos más sagrados de la grandeza de este país.

Finalmente, tenemos uno de los más perniciosos argumentos anti-inmigrantes: que los inmigrantes traen crímenes violentos.

La “prueba” de esta afirmación es por necesidad anecdótica, porque como el analista de inmigración Alex Nowrasteh del grupo libertario Cato Institute me dice, los estudios en inmigración y crimen no sostienen la supuesta relación entre el crimen y la presencia de los inmigrantes ilegales proferida por los nativistas.

“Algunos estudios encuentran que para todos los inmigrantes en general, incluyendo los indocumentados, el porcentaje de crimen es la mitad de lo que sería el de la población nativa,” dijo.

Nowrasteh apunta a un estudio reciente publicado por el Consejo Americano de Inmigración que fue publicado por 3 profesores de sociología y antropología usando información del censo de los Estados Unidos.

El estudio establece que ” más o menos 1.6 por ciento de los inmigrantes varones 18-36 años de edad”están tras las rejas en los EE.UU. en comparación con el 3.3 por ciento del grupo correspondiente de los hombres estadounidenses nacidos en el país.

Esta “disparidad”, que el estudio demuestra, “ha existido por décadas,” desde 1980, con tasas de encarcelamiento de nacidos en los EU  de “dos a cinco veces más altos que [los de] los inmigrantes.”
La mayoría de los estudios muestran la misma situacion.

Es por esto que los que están sonando el tambor anti-inmigrante enfocándose en las tragedias como la de la residente de San Francisco Kate Steinle, asesinada el primero de julio por una bala perdida disparada por un inmigrante ilegal vagabundo que había sido removido de los Estados Unidos 5 veces, mienten.

Otro asesinato de alto perfil explotado por Trump y sus secuaces es el de Marilyn Pharis, una mujer de 64 años, violada y asesinada a golpes a finales de julio por un inmigrante ilegal.

En cuanto al asesinato de Pharis, Trump twitteó lo siguiente:

“Una vez más, [un] inmigrante ilegal se encarga del aporreo fatal de una maravillosa y amada mujer de 64 años de edad. ¡Sácalos y construye un muro!”

La cosa es que la gran mayoría de los criminales violentos tras las rejas en este país son ciudadanos estadounidenses.

Por ejemplo, de acuerdo con las estadísticas de crímen del FBI del 2013, de los más de 14.000 asesinos en los EE.UU. ese año, sólo el 1096 (alrededor del 8 por ciento) fueron conocidos por ser hispanos.

Por supuesto, ser hispano no equivale a ser un inmigrante ilegal, pero los datos del FBI no distinguen entre los que están aquí ilegalmente y los que no.

Debido a que la mayoría de inmigrantes ilegales en los EE.UU. son de países de América Latina, tal vez un trozo de ese 8 por ciento es ilegal.

Por el contrario, 9.771 asesinos eran ya sea blancos o de raza negra, y en gran medida ciudadanos estadounidenses, podemos suponer con seguridad.

Según el Departamento de Correcciones de Arizona, cerca del 90 por ciento de los que están en su custodia son ciudadanos, y cerca del 10 por ciento son “extranjeros criminales”, una categoría que podría extenderse a los que estaban aquí legalmente.

Los datos sobre los sentenciados a muerte en Arizona son igualmente instructivos.

De 118 asesinos convictos, sólo hay un nacional mexicano. Otro es alemán, y otro es un ciudadano de la República Dominicana.

Así, alrededor del 97.5 por ciento de los condenados a muerte en Arizona son ciudadanos estadounidenses.

Alrededor del 72 por ciento del total son caucásicos o afroamericanos. Mexicano-americanos representan el 21 por ciento.

Por otra parte, se podría argumentar – con más evidencia que los nativistas pueden citar legítimamente cuando se trata de extranjeros ilegales que cometen crímenes – que los hombres blancos tienen una tendencia hacia el asesinato en masa.

Aquí hay una lista parcial de blancos infames, asesinos americanos y los muertos:

El que puso una bomba en Oklahoma City, Timothy McVeigh, 168; el asesino de Sandy Hook,Adam Lanza, 20 escolares y siete adultos; Dylann Storm Roof, nueve feligreses; Jared Loughner, seis muertos, entre ellos un juez federal y una niña de 9 años de edad (más de 13 heridos, entre ellos la ex congresista Gabrielle Giffords); James Holmes, quien mató a 12 personas en una sala de cine de Colorado; los asesinos de Columbine Dylan Klebold y Eric Harris, 13 muertos.

Podría seguir y seguir e incluir a los asesinos en serie típicos de America como Ted Bundy, John Wayne Gacy y Jeffrey Dahmer.

Todo lo cual sostiene que debemos enviar a aquellos como Trump fuera de nuestras fronteras y mantener a aquellos con muchas menos probabilidades de matar y cometer  delitos: los inmigrantes ilegales.