Iniciativa Fronteriza Kino- KBI

En la frontera entre Nogales, Arizona y Nogales, México está representada la eterna lucha de David y Goliat – un emblema de lo que está mal en nuestro sistema migratorio. Goliat es la Patrulla Fronteriza, un mastodonte de 18 billones de dólares asentado en edificios silenciosos y fríos, donde agentes preguntan directamente sobre pasaportes, documentación e identificaciones.

El David se encuentra a pocos pasos, en un edificio precario, caliente, con techos de lámina, donde voluntarios sirven comidas y proveen ropa y primeros auxilios a los deportados y migrantes. Es la llamada Iniciativa Kino de la Frontera – Kino Border Initiative (KBI).

“Nuestra misión es ser una presencia humanizante y promover la solidaridad nacional y colaboración en este asunto de inmigración,” gritó el director ejecutivo, el reverendo Sean Carroll a un grupo de fans que apoyaban, sudando en el intenso calor de Julio justo en la línea fronteriza de Arizona y México.

Este es el asunto de la frontera, en resumen: La presencia deshumanizante de 23,000 agentes y el presupuesto más grande que todas las agencias de cumplimiento de la ley combinadas. La presencia humanizante colecta humildemente fondos con venta de camisetas y donativos de gente con corazón.

Cada día, autobuses de la Patrulla Fronteriza lleva deportados a Nogales, México y los deja que se defiendan por sí solos, frecuentemente sin sus posesiones, y con su dinero convertido en un cheque que no tiene valor en México.

Hasta últimamente, los deportados se les dejaba en las noches, cuando eran más vulnerables a los robos, la violencia y asalto sexual. “Parece ser de que hay un acuerdo de que no están deportando a nadie en la noche,”  dijo el reverendo Carroll. “Eso puede sonar como sentido común, pero te sorprendería saber cuánto esfuerzo nos ha tomado para que esto suceda.”

Pero los deportados son vulnerables en cualquier momento. La mayoría están separados de sus familias. Muchos no se han recobrado de los esfuerzos físicos de haber cruzado el desierto. Algunos son soñadores que no están familiarizados con México. Todos no tienen certeza de que hacer o que pasara después.

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El Reverendo Sean Carroll de la Iniciativa Fronteriza Kino, Kino Border Initiative.

“Para muchas personas, la experiencia de la deportación es la más traumática de sus vidas,” dice el reverendo Carroll. “Es tiempo de gran angustia, depresión emocional [y] confusión.”

Los deportados encuentran algo de apoyo en la Iniciativa Kino de la Frontera -Kino Border Initiative, donde se atienden 80 deportados e inmigrantes cada mañana y alrededor de 60 por la tarde.

Voluntarios de la organización No Más Muertes vienen aquí para ayudar a los migrantes para hacerles saber que ha pasado con ellos. Otro grupo tratar de monetizar sus cheques. Los Samaritanos de Tucson les entregan productos de aseo personal. El Consulado Mexicano les ayuda a localizar a miembros de su familia en detención, recobrar pertenencias, y pagar las tarifas de autobuses para que puedan regresar a sus lugares de origen en México.

“Todo es gratuito, y todo esto sucede en un pequeño espacio,” dice el reverendo Carroll. KBI está tratando de comprar un terreno y construir un centro más eficiente donde podamos ofrecer más servicios. Hasta entonces, tenemos que hacer lo que podemos en este edificio del tamaño de David en la sombras del Goliat del gobierno americano.

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En ese día de Julio, voluntarios– migrantes y ciudadanos de ambos lados de la frontera– cortan vegetales y doblan camisetas bajo un poster que dice:  “Todas las personas tenemos los mismos derechos” .

En una esquina, los hombres pintan retablos con las imágenes de Jesús y María para vender.  Es parte de la cooperativa de Kino que les enseña a los migrantes a tener una nueva habilidad y ayudarlos a ganar un poco de ingreso. En el refugio KBI de mujeres, las inmigrantes hacen y vendes brazaletes como los que el reverendo usa en su muñeca.

“Es muy terapéutico,” dice Carroll de la cooperativa artística. “Parece que no es mucho pero hace mucho por ellos… frecuentemente (ellos soportan) la experiencia de haber fallado y (piensan) ‘Yo no alcance mi sueño, y quien sabe que me va a pasar”. “Pero al menos tienen algo cuando se marchan, y que les recuerda de la dignidad humana.”

Y en la tierra de paredes de paredes de 20 pies de alto, los sensores de movimiento, las cámaras de visión nocturna y los drones de vigilancia, este es un lugar donde las presencia humanizadora se necesita más.