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Inmigrantes Perdidos – Primera Parte

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Miles de personas no identificadas han muerto cruzando la frontera de Estados Unidos y México. El Centro Colibrí está tratando de dar a cada uno de ellos un nombre.

¿Qué historias cuentan tus partencias? ¿Las fotografías de tu esposa en tu billetera? ¿Los números de teléfono en tu bolsa? ¿Tu rosario, tu lápiz de labios, la hebilla de plata de tu cinturón?

¿Y si esas fueran las únicas pistas dejadas para contar tu historia?

El equipo del Centro Colibrí de Derechos Humanos coloca piezas de un rompecabezas para recrear la historia de los migrantes que han muerto en su trayecto a los Estados Unidos para darles un nombre. El reto del equipo de Colibrí es identificar los restos encontrados en el desierto de Arizona, para conectarlos con los miembros de sus familias y dar respuestas a la pregunta ¿Qué es lo que le pasó a mi ser querido?

Cada año, la Oficina del Examinador Médico del Condado de Pima, con quienes Colibrí trabaja, recibe un promedio de 176 inmigrantes muertos. La Patrulla Fronteriza, llamada en Inglés U.S. Border Patrol, reportó  6,029 muertes de migrantes a través de la zona fronteriza entre 1998 y 2013.

En la esfera pública, las discusiones acerca de la inmigración usualmente de enfocan en designaciones colectivas como “el flujo migratorio, la inundación de inmigrantes, etc., como si no existiera individualidad.

El trabajo de Colibrí cambia el foco de esos comentarios generalizados a “la individualidad, lo irreparable de la pérdida de vidas humanas,” dice la directora Robin Reineke. “Nosotros seguimos la pista a cada individuo y a sus seres queridos. No cualquier persona, sino la persona correcta”.

Esto lo hacen usando una mezcla de ciencia forense y antropología: La evidencia encontrada en el cuerpo de cada persona, más las pistas de los artículos que cada persona lleva. “Esos artículos son realmente efímeros, pequeños objetos que se convierten en grandes pistas para identificar a alguien”, dice Robin.

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El niño llevando en su billetera el teléfono de su madre tenía entre 14 y 19 años. Fue encontrado por la Patrulla Fronteriza en un remoto arroyo seco, 5 millas al este de Lukeville, Arizona, algunos meses después de su muerte. Para entonces, su cuerpo era un esqueleto con una camisa de cuadros, pantalones negros y calcetines azules. ¿Estará su madre todavía buscándolo?

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El hombre que llevaba estos objetos fue encontrado solo días después de haber muerto cerca de Komelik Village en Arizona. Él estaba parcialmente suspendido de un árbol, con las cintas de sus zapatos atadas alrededor de su cuello. Morir de sed es tan doloroso que algunas personas apresuran su muerte ahorcándose. Esto es lo que le pudo haber pasado a este hombre.

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¿Son éstas mujeres en la fotografía las hermanas del finado? ¿Sus hijas? Es dificil saber. Sólo parte del esqueleto de este hombre fue encontrado por la Patrulla Fronteriza en un lugar remoto. Las pruebas de ADN en su cráneo indican que era un hombre pero su edad se estimó entre 24 y 36 años.

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El hombre al cual le pertenecía esta hebilla fue uno de 8 migrantes que murió cuando la camioneta SUV en la que viajaba se volteó cerca de Sonoita, Arizona. El asiento trasero del vehículo había sido removido y al menos 22 personas de Guatemala, Honduras, El Salvador y México estaban amontonadas allí. Los traficantes de humanos frecuentemente conducen rápido en la noche con sus luces apagadas para evitar detección. A pesar de que este hombre de entre 25 y 33 años fue encontrado a unas cuantas horas de su muerte, su cara todavía reconocible, no ha sido identificado.

Fotos por Jonathan Hollingsworth para el libro Left Behind: Life and Death Along the U.S. Border (Dewi Lewis Publishing).

Lee como Colibrí utiliza la ciencia forense, antropología, reportes de personas desaparecidas y entrevistas con las familias para identificar inmigrantes perdidos: Migrantes Perdidos: Segunda Parte.