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La Pesadilla de una Soñadora, Parte 1 – La Llave de los Nueve Dígitos

Dream Act Now.

Noemí Romero, una “Dreamer”, traída a los Estados Unidos por sus padres como menor de edad, trató de trabajar ilegalmente para obtener un permiso legal de trabajo. Esto es lo que pasó.

Existe una llave para tener acceso a las bondades del sueño Americano. Tiene 9 dígitos. Sin él, los amplios cielos azules pueden ser contemplados desde una cárcel fría y estrecha.

Es el número de seguro social, y a la edad de 15 años Noemí Romero descubrió que no tenía uno de esos.

Los adolescentes en la escuela Ronald C. Bauer Medical Arts High School de Phoenix estaban emocionados. Ellos se alistaban para obtener los permisos de manejar. Noemí fue a su casa y les pregunto a sus padres si ella podría solicitar la licencia de manejar.

Esa fue la vez que le dijeron: No, porque ella no era Americana.

“Fue un shock para mí porque siempre pensé que era de aquí. Yo no sabía que era diferente”, dice Noemí, quien ahora tiene 23 años.

Ella había nacido en Villahermosa, Tabasco, en la parte sur de México que se curvea y forma la península de Yucatán. Sin educación y constantemente sin empleo, los padres de Noemí decidieron de arriesgar todo, emigrando a los Estados Unidos con la pequeña de 3 años y su hermanito de un año a la tierra de las oportunidades. “Vivir allá fue muy duro,” dice Noemí.“Mis padres querían darme una mejor vida y ellos también querían vivir una mejor vida.”

Noemí no tiene recuerdos de México. Ella no vino aquí por su propia voluntad, pero se identifica como Americana y habla inglés con fluidez. Ella es una Dreamer, y esta es la historia de su pesadilla.

No hay nada que me detendría de hacer lo que yo quería hacer,” dice Noemí. Entonces ella empezó a llenar solicitudes para ir a la Universidad.  

Al principio, las noticias no cambiaron la vida Noemí. Ella continúo su sueño de soñar, derrapando con el futuro en alegre ignorancia.  Ella iba a ir a colegio a convertirse en una enfermera. “No había nada que me detendría de hacer lo que yo quería hacer”, dice ella.

Entonces ella empezó a llenar las solicitudes de la Universidad. “La primera cosa que ves es el ‘Social Security Number – Numero de Seguro Social’.  Y yo pensaba… ¿qué es eso?’ Así que llene toda la solicitud con la información que me pedían, pero no llenamos esa parte.”

Después de numerosos intentos fallidos de solicitar fondos, un consejero finalmente le explico que sin el número de seguro social, Noemí no podría calificar para ayuda financiera y que se le cobraría colegiatura fuera del estado- tres veces más del costo de la colegiatura dentro del estado. “Eso fue cuando me dí por vencida”.

Ella trato de inscribirse en escuela de cosmetología. Ellos le preguntaron por su número de seguro social en la escuela de cosmetología. “¿Para qué se necesita, para que me lo preguntan?”. “Yo sólo quiero aprender.” Ellos le explicaron que ella no podría obtener trabajo en algún salón sin una certificación de cosmetología, el cual requiere un Número de Seguro Social.

En la tierra donde los niños suenan en convertirse en Presidentes, ella no podía convertirse en una cosmetóloga. ¿Qué podría hacer? Ella no podía regresar a México – sus padres no querían que regresara, tendría que dejar todo y todas las personas que ella conocía por un lugar extraño sin buenos prospectos para ella.

Entonces ella escuchó del programa de Acción Diferida llamado  Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA). Lanzado por la administración del Presidente  Obama, permite que los inmigrantes indocumentados traídos a los estados unidos como menores reciban inmunidad de la deportación y obtengan un permiso renovable de trabajo por dos años.

Las buenas noticias: Noemí era una de las estimadas 1.7 millones de Sonadores que potencialmente podrían solicitar DACA. Las malas noticias: Cuesta $465 dólares mandar la solicitud.

Su familia no tenía $465. Entonces cada día, Noemí se acercó a los negocios del área, preguntando si alguien estaba contratando. Una a una las puertas se cerraron en su cara. Ella no tenía la llave mágica del número de los nueve dígitos.

Finalmente, un soñador amigo le dijo a Noemí que en la tienda de abarrotes donde ella trabajaba, Supermercado Lam, estaba contratando un cajero. Sólo pide prestada una tarjeta con el número de Seguro Social, su amiga le aconsejó.

Entonces fue que se le ocurrió a Noemí: Su mama tenía un número de seguro social. Era temporal, expedido por el gobierno, además de un permiso de trabajo, mientras ella peleaba un caso de deportación en las cortes.

Noemí le pregunto a su mama si podía pedirlo prestado. Ella estuvo de acuerdo. También estuvieron de acuerdo los administradores del supermercado cuando Noemí les informó de los que ella estaba haciendo. “Ellos dijeron que estaba bien, que necesitaban de alguien para trabajar”.

La llave entró. La puerta se abrió.

“Y, honestamente,” dice Noemí, “Yo nunca creí que iba a terminar en la cárcel por eso.

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