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Migrantes Perdidos – Segunda Parte

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Colibrí Centro de Derechos Humanos está “peleando por las vidas de los migrantes” – aun cuando han muerto.

Los dos esqueletos encontrados en el desierto que tendrían aproximadamente un año sobre la tierra, los huesos expuestos al viento, robados en parte por los buitres, masticados por los coyotes y blanqueados por el sol, estaban contenidos en un marco de madera. La naturaleza no fue más misericordiosa con ellos en la muerte como no lo fue cuando tomó sus vidas.

Un día alguien se los encontró por casualidad, notificó a las autoridades del hallazgo, y los huesos fueron puestos juntos en una bolsa como juego de palitos chinos.

Así es como llegaron a la oficina del Examinador Médico del Condado de Pima, zona cero de la crisis de las muertes de los migrantes en el desierto. Por años, esta oficina ha examinado más restos de migrantes que ninguna otra en los Estados Unidos- en promedio de uno cada tercer día.

Ahora, en la oficina del Examinador Médico del Condado de Pima y el pequeño equipo del Colibrí Centro de Derechos Humanos se dedicarán a dar a esos restos un nombre.

Porque ellos saben la otra cara de la historia: En algún lugar, alguien está buscando por esas personas. Alguien está esperando al lado del teléfono por una llamada que nunca llegará. Alguien llamó a los consulados, o tuvo miedo de llamarles. Alguien duerme cada noche al lado de una fotografía, sin saber si su ser querido está vivo o muerto.

Las muertes de los migrantes están marcadas con puntos rojos.

Las muertes de los migrantes están marcadas con puntos rojos.

El proceso para encontrar la identidad de un cuerpo es tan compleja como el cubo Rubik de la crisis de inmigración. “La mejor manera de describirlo” dice Chelsea Halstead, administradora del programa de Colibrí, “es si alguien tomó un rompecabezas gigante, con todas las piezas en otro lugar”.

En otro lugar se encuentran pistas para identificar los cuerpos.

En el desierto de Arizona, especialmente en el verano, un cuerpo se puede descomponer en esqueleto en un par de semanas, dice el doctor Gregory Hess, Jefe de Examinadores Médicos del Condado de Pima. Los cuerpos frecuentemente arriban ennegrecidos o momificados, con la piel tan seca y contraída que las huellas digitales han desaparecido.

Si este es el caso, el doctor Hess y su equipo han desarrollado un método de remojar las manos en una solución de hidróxido de sodio para re-hidratar la piel de las huellas digitales. Ellos pueden examinar un cuerpo del color del carbón bajo rayos infrarrojos, lo que algunas veces ayuda a descubrir tatuajes con suficiente claridad para realizar una identificación positiva.

Aún esqueletos parciales cuentan historias. Los huesos de las piernas revelan la altura. Una muestra de ADN cortada del cráneo determina el sexo de la persona. La condición de las coyunturas en la pelvis y la caja torácica – así como las particiones que culebrean a la superficie del cráneo como si fueran ríos- sugieren la edad.

Pima County Medical Examiner

El doctor Hess levanta uno de los cráneos para examinar los dientes. Un diente extra sale al lado de un molar de adulto. “Esa puede ser una característica distintiva: dice el doctor Hess”. “Pero frecuentemente las personas de México y América Central nunca han tenido trabajo dental… así que no hacemos muchas comparaciones dentales.”

“Eso te cuenta una historia”, dice Robin Reineke, directora ejecutiva de Colibrí. “La historia es de extrema pobreza y vulnerabilidad… Tu puedes decir [de los restos] que estas personas tan tenido vidas difíciles: malnutrición, poca salud dental, abscesos severos y patologías severas y sin tratar que se pudieran haber tratado en los Estados Unidos”.

La ropa y las pertenencias encontradas con los cadáveres también cuentan una historia. El equipo de Colibrí busca pistas culturales como un librito de rezos típico de El Salvador o una tarjetita de santos común en Michoacán.

“Es una mezcla de estrictos puntos de comparación científica,” dice Chelsea Halstead, “y muchas más pistas circunstanciales como, ¿ella lleva un anillo que siempre usaba?’”

Del otro lado del rompecabezas están los reportes de personas perdidas, los cuales están esparcidos sin orden a través de numerosas organizaciones- oficinas consulares, departamentos de policía, organizaciones sin fines de lucro, investigadores privados y otros más.

“Yo diría que hay probablemente cien o más listas a través de la frontera de quienes han desaparecido,” dice Robin Reineke.

Chelsea Halstead abre un archivero lleno de hojas con información de personas desaparecidas, con descripciones como su altura, edad, la ropa que llevaban, reportes dentales, cuando la persona fue vista por última vez, por donde cruzó la frontera, además de fotografías que te miran desde las páginas, como pidiendo ayuda.

“Tú tienes cientos de personas con rasgos similares de edad, altura similar, viniendo de regiones similares muriendo en una zona geográficamente remota y vasta,” dice Robin Reineke. “Al mismo tiempo tú tienes familias llamando desde Alaska hasta Perú buscando personas perdidas, y eso es un desastre de manejo de información.”

Casi una década atrás, Robin Reineke viajó a varias agencias a través de la frontera, recolectando reportes de personas perdidas marchitándose en los archiveros y convenció a las organizaciones de que canalizaran la información a través Colibrí. “Nuestra misión es centralizar los datos para realmente realizar las mejores prácticas profesionales de la ciencia forense a un asunto que no ha sido entendido como un desastre humanitario, pero reúne los criterios de desastre.”

Robin Reineke, directora ejecutiva de Colibri, durante la exhibición de la de la película ¿Quién es Dayani Cristal? El filme relata la labor de Colibrí Centro de Derechos Humanos.

Robin Reineke, directora ejecutiva de Colibri, durante la exhibición de la de la película ¿Quién es Dayani Cristal? El filme relata la labor de Colibrí Centro de Derechos Humanos.

Una vez que el equipo de Colibrí ha reunido información y ha confrontado los datos de la autopsia con el reporte de personas perdidas, la identificación debe ser confirmada científicamente a través de huellas digitales, records dentales, radiografías o análisis de ADN.

Y luego tienen que llevar la noticia a las familias.

Construir la confianza con las familias es otro proceso parte del rompecabezas. A pesar de que Colibrí es una organización sin fines de lucro y no-gubernamental, las familias de los indocumentados frecuentemente tienen miedo de dar información a una organización en Arizona, dice Chelsea Halstead. ¿Qué pasa si su ser querido todavía está vivo, y la información que proveen los llevara a su detención? ¿Qué sucede si su llamada desencadena su propia deportación y la separación de su familia?

Pero buscando a su ser querido por sus propios medios es imposible. Los sistemas burocráticos son laberintos bloqueados con múltiples limitantes y barreras de lenguaje. Las bases de datos de personas desaparecidas y las bases de datos de ADN no están al alcance de personas que no reportan a las personas desaparecidas a través de las agencias del orden.

“Muchas veces para el tiempo (que las familias) nos han llamado, ya se han comunicados con agencias que las han ignorado- agencias policiacas que han declinado jurisdicción en el asunto, o la Patrulla Fronteriza, que ha declinado en buscar a los seres queridos,” dice Chelsea Halstead. “Nuestra tarea es hacer que las familias se sientan seguras, de que está bien de que nos confíen su información.  Yo pienso que honramos a las familias al darnos el tiempo de hacer eso.  No es como: ‘llena esta forma.’ Es establecer una relación.”

Es también un trabajo doloroso sin la promesa del final feliz. Cuando Colibrí identifica a los restos con éxito, el equipo provee respuestas y la oportunidad de cerrar el capítulo a las familias. Pero también logran algo más, algo que mantiene el trabajo del equipo de Colibrí continuando con la labor: Ellos humanizan a las personas que el sistema ha considerado como desechables.

“Estamos peleando porque la vida de los migrantes importen y ayudamos a las familias en la búsqueda de reclamarlos como personas reales,” dice Robin Reineke.

“Se siente bien que estemos resistiendo esta estructura que deshumaniza a la gente,” Chelsea Halstead añade. “Se siente bien [proveer] la consideración y el cuidado que las gentes realmente merecen.”